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Aceptar las cosas como son o apostar por el cambio

Blog post description.En el mundo del acompañamiento educativo y familiar, a menudo nos enfrentamos a una encrucijada invisible pero determinante: ¿nuestro entorno está diseñado para acomodarse a las dificultades o para transformarlas? Reuven Feuerstein definió dos posturas ante la vida que marcan el destino del aprendizaje: el Ambiente Pasivo-Aceptante y el Ambiente Activo-Modificante.

12/26/20252 min read

Children's playroom with small tables and chairs.
Children's playroom with small tables and chairs.

En el mundo del acompañamiento educativo y familiar, a menudo nos enfrentamos a una encrucijada invisible pero determinante: ¿nuestro entorno está diseñado para acomodarse a las dificultades o para transformarlas? Reuven Feuerstein definió dos posturas ante la vida que marcan el destino del aprendizaje: el Ambiente Pasivo-Aceptante y el Ambiente Activo-Modificante.

El Ambiente Pasivo-Aceptante: La trampa de la "buena intención"

A primera vista, un ambiente pasivo parece bondadoso. Es aquel que acepta al individuo tal cual es, con sus limitaciones y diagnósticos. Sin embargo, bajo esta aceptación se esconde un peligro: la resignación.

En este tipo de ambiente:

  • Se ajustan las expectativas hacia abajo.

  • Se busca que la persona esté "cómoda" y "feliz", pero se evita el desafío porque se cree que no podrá superarlo.

  • El diagnóstico se convierte en una etiqueta estática.

  • El resultado: El cerebro se estanca. Si el entorno no exige cambio, la estructura cognitiva no se ve obligada a modificarse. Es una forma amable de decir: "Esto es todo lo que puedes dar".

El Ambiente Activo-Modificante: La apuesta por el cambio

En el otro extremo está el ambiente que Feuerstein defendía con pasión. Aquí, la aceptación no es el punto final, sino el punto de partida. Se acepta a la persona, pero se rechaza su limitación como algo definitivo.

En un ambiente activo-modificante:

  • El mediador cree firmemente en la modificabilidad del otro.

  • Se diseñan desafíos constantes y ajustados que "fuerzan" al cerebro a crear nuevas rutas.

  • No se espera a que la persona "esté lista"; se crean las condiciones para que lo esté.

  • El resultado: El individuo se percibe a sí mismo como alguien capaz de evolucionar. La inteligencia se activa porque el entorno le exige, le apoya y confía en su transformación.

El rol del Mediador en el cambio de paradigma

Pasar de un ambiente pasivo a uno activo requiere un cambio de mentalidad radical por parte del cuidador. No se trata de presionar o generar estrés innecesario, sino de pasar de la "lástima" o la "comodidad" a la mediación de la trascendencia.

El mediador activo es aquel que mira a la persona y, en lugar de ver una taza pequeña que solo puede contener un poco de agua, ve una estructura elástica que, con el estímulo correcto, puede expandirse. Es un entorno que dice: "Te acepto hoy, pero creo tanto en ti que no permitiré que te quedes donde estás".

La esperanza como motor estructural

Para Feuerstein, optar por un ambiente activo-modificante es un deber ético. Cuando una familia o una escuela deciden que el diagnóstico no es la última palabra, están activando la plasticidad cerebral de sus hijos o alumnos.

La diferencia entre estos dos ambientes no es solo pedagógica, es vital. Mientras el ambiente pasivo acepta el destino, el ambiente activo ayuda a construirlo. Porque, al final del día, el mayor regalo que un mediador puede dar es la certeza de que nadie está confinado a su estado actual.