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El Arquitecto del Pensamiento: Reuven Feuerstein y el Poder de la Mediación
Según Feuerstein, el cerebro humano es un sistema abierto y dinámico, capaz de reestructurarse a sí mismo sin importar la edad o las dificultades previas. Pero esta transformación no ocurre por azar. Requiere de la figura del Mediador, un agente que se interpone entre el individuo y los estímulos del entorno para filtrarlos, organizarlos y dotarlos de sentido.
12/26/20252 min read


Durante décadas, se creyó que la inteligencia era un rasgo estático, una especie de "techo biológico" que determinaba el destino de cada persona. Sin embargo, el psicólogo Reuven Feuerstein revolucionó la educación con su teoría de la Modificabilidad Cognitiva Estructural. Según Feuerstein, el cerebro humano es un sistema abierto y dinámico, capaz de reestructurarse a sí mismo sin importar la edad o las dificultades previas.
Pero esta transformación no ocurre por azar. Requiere de la figura del Mediador, un agente que se interpone entre el individuo y los estímulos del entorno para filtrarlos, organizarlos y dotarlos de sentido. El mediador no solo enseña contenidos; actúa como un traductor de la realidad que otorga coherencia y significancia a cada experiencia, permitiendo que el aprendizaje se convierta en una herramienta de cambio estructural.
Las 9 claves para una mediación transformadora
Para que un guía se convierta en un verdadero mediador según el modelo de Feuerstein, debe cumplir con estas funciones fundamentales:
Trascendencia del conocimiento: No se enseña para el momento. La mediación busca conectar lo aprendido con otros contextos y áreas, permitiendo que el alumno aplique soluciones a problemas que van mucho más allá del entorno escolar.
Impulso al aprendizaje significativo: El mediador diseña experiencias que resuenan con los intereses y la motivación del estudiante, logrando que el conocimiento tenga un propósito real y profundo.
Planificación a la medida: Se establecen metas individuales que desafían al alumno a esforzarse, despertando una autonomía que le permite planificar y evaluar su propio proceso de trabajo.
El desafío como motor: Presentar tareas novedosas y complejas es vital. Al trabajar en la "zona de desarrollo potencial", se provoca un cambio en la estructura cognitiva y se genera satisfacción por la capacidad creativa.
Fortalecimiento del sentido de competencia: Una labor clave es potenciar el sentimiento de "ser capaz". Al fomentar una autoimagen positiva y realista, se crea una dinámica de interés por alcanzar metas cada vez más altas.
Potenciación de la metacognición: El mediador enseña a "pensar sobre el pensamiento". Ayuda a desarrollar procesos de autorregulación y estrategias de planificación para que el alumno aprenda a gestionar su propia mente.
Respeto a la diversidad psicológica: Se reconocen y valoran los distintos estilos de aprendizaje. La intervención se centra en ayudas específicas que permiten al alumno identificar sus peculiaridades y aprovecharlas como fortalezas.
Conciencia del cambio cognitivo: Es fundamental que el alumno sepa que su inteligencia está mejorando. Al hacerse consciente de su progreso, se percibe como un sujeto activo capaz de generar información y descubre su propio potencial oculto.
Integración de valores y actitudes: El aprendizaje es también humano. Se median actitudes de respeto, tolerancia y comprensión, logrando que los valores se vuelvan operativos en la conducta diaria y en el entorno social.
Un compromiso con el potencial humano
Adoptar la visión de Feuerstein es aceptar que el aprendizaje es un derecho a la evolución constante. El mediador no es quien da las respuestas, sino quien construye el puente para que el otro llegue a ellas por sí mismo. Al centrar nuestra labor en estos pilares, dejamos de ser simples instructores para convertirnos en facilitadores de la libertad intelectual, demostrando que, con la mediación adecuada, no existen límites definitivos para el crecimiento de la mente humana.
